Metro Los Leones | Providencia
Sequedad y estrechez vaginal después de la radioterapia o el cáncer de mama
La sequedad vaginal después de la radioterapia o del tratamiento de un cáncer de mama es una secuela frecuente, y suele quedar en segundo plano mientras toda la atención está puesta en el cáncer. Se nota al caminar, al sentarse, en el examen ginecológico y en la relación sexual, que muchas veces se empieza a evitar. Tiene manejo, pero el camino depende de qué tratamiento la causó: la radioterapia en la pelvis daña el tejido y lo estrecha, y la hormonoterapia lo deja sin estrógeno.

Qué le pasa a la vagina con la radioterapia pélvica
La radioterapia en la pelvis se usa en cánceres de cuello uterino, endometrio, vagina, recto y ano. Puede ser externa, con un equipo que dirige la radiación desde fuera del cuerpo, o braquiterapia, con una fuente radiactiva que se ubica dentro de la vagina. En los dos casos la vagina recibe parte de la dosis.
Mientras dura el tratamiento, la mucosa se inflama y puede ulcerarse. Lo que viene después es más lento. En los meses siguientes el tejido irradiado forma fibrosis: pierde vasos sanguíneos y elasticidad, y sus paredes pueden adherirse entre sí. Eso se llama estenosis vaginal, y significa que la vagina se vuelve más estrecha y más corta. A eso se suma la sequedad, porque la mucosa lubrica menos, y una fragilidad que la hace sangrar con facilidad al roce.
No es una complicación rara. Una revisión publicada en 2021 reúne cifras que van del 1,2% al 88%, según la dosis, la cantidad de vagina tratada y el tipo de cáncer. Dentro de los tres primeros años, los estudios más recientes la registran en cerca del 50% de quienes tuvieron cáncer de endometrio, el 60% en cáncer de cuello uterino y el 80% en cáncer anal. El riesgo sube con dosis más altas, con la combinación de radioterapia externa y braquiterapia, después de los 50 años y con el tabaco.
La radioterapia de la mama, en cambio, no alcanza la vagina. Cuando la sequedad aparece después de un cáncer de mama, la causa está en otro lado.
Por qué el tratamiento del cáncer de mama seca la vagina
La mucosa vaginal necesita estrógeno para mantenerse gruesa, húmeda y elástica. Varios tratamientos del cáncer de mama lo reducen o lo bloquean, cada uno a su manera:
- Quimioterapia. Puede detener la función de los ovarios y adelantar la menopausia. En algunas personas los ovarios se recuperan con el tiempo y en otras no.
- Tamoxifeno. Bloquea el receptor de estrógeno en la mama, pero en la vagina su efecto es parcial. Por eso la sequedad es menos frecuente, y en algunos casos lo que aumenta es el flujo.
- Inhibidores de aromatasa (anastrozol, letrozol, exemestano). Reducen la producción de estrógeno en todo el cuerpo y son los que más secan.
El ensayo ATAC, que comparó los dos tipos de hormonoterapia, registró sequedad vaginal en el 16,3% de quienes tomaban anastrozol y en el 8,4% de quienes tomaban tamoxifeno. Lo que resulta es el mismo cuadro de la menopausia, llamado síndrome genitourinario, con una diferencia: llega antes, a veces de golpe, y se mantiene mientras dura un tratamiento que suele indicarse por cinco años o más.
Dilatadores vaginales después de la radioterapia
Un dilatador es un cilindro liso, de silicona o de plástico médico, que viene en varios tamaños. Usarlo mantiene separadas las paredes de la vagina mientras el tejido cicatriza, para que no se adhieran ni se cierren. Es la medida que recomiendan las guías de radioterapia para prevenir la estenosis, aunque la evidencia de buena calidad todavía es escasa y no existe una pauta única.
Un consenso internacional publicado en 2014 propuso empezar unas cuatro semanas después de terminar la radioterapia, usarlo dos o tres veces por semana durante uno a tres minutos, y mantenerlo entre nueve y doce meses. Otros centros indican sesiones más largas o un inicio más temprano. La pauta concreta la da tu equipo de radioterapia, y conviene pedirla antes del alta si nadie la mencionó.
En la práctica ayuda lo siguiente:
- Usar siempre lubricante a base de agua y partir por el tamaño más pequeño.
- Un poco de manchado o de molestia las primeras veces es habitual. El dolor intenso, el sangrado abundante o la fiebre se consultan con el equipo tratante.
- Las relaciones sexuales con penetración cumplen la misma función que el dilatador. Si se retoman con comodidad, el equipo puede indicar que se use con menos frecuencia.
En Chile los dilatadores se consiguen en tiendas de insumos de piso pélvico y de salud íntima. Aprender a usarlos con una kinesióloga o un kinesiólogo de piso pélvico ayuda bastante, sobre todo si el cuerpo responde con contracción o con miedo al dolor. En la evaluación te orientamos y, si hace falta, te derivamos. Cuando el dolor tiene un componente muscular importante, el abordaje se parece al de la vulvodinia y el vaginismo.
Hidratantes y lubricantes, en los dos casos
Son la primera línea tanto después de la radioterapia como durante la hormonoterapia, y no tienen hormonas. El hidratante vaginal se aplica de forma regular, haya o no relaciones, y mantiene la mucosa húmeda entre una aplicación y otra. El lubricante se usa en el momento, para la relación o para el dilatador. Cumplen funciones distintas y casi siempre conviene combinarlos.
Qué productos hay en las farmacias de Chile, qué contienen y cuánto cuestan lo reunimos en la guía resequedad vaginal: qué usar y tratamientos.
¿Se pueden usar estrógenos vaginales después de un cáncer?
Depende del cáncer, y la decisión la toma tu oncóloga u oncólogo.
Después de la radioterapia, el estrógeno vaginal ayuda a regenerar la mucosa, aunque su efecto es menor en tejido que recibió dosis altas. En cánceres que no dependen de hormonas, como el cáncer de cuello uterino escamoso en etapas iniciales, las revisiones consideran seguro el estrógeno vaginal en dosis bajas. En el cáncer de endometrio la decisión se toma caso a caso.
Con un cáncer de mama con receptores hormonales el tema es más delicado. Un metaanálisis de 2025 no encontró más recurrencias en quienes usaron estrógeno vaginal, pero con inhibidores de aromatasa se prefiere evitarlo: incluso una absorción pequeña puede subir el estrógeno en sangre justo cuando el tratamiento busca mantenerlo al mínimo.
Láser CO2 después del cáncer: lo que muestran los estudios
El láser CO2 vaginal no usa hormonas. Genera microlesiones térmicas controladas en la mucosa, y la reparación de esas microlesiones estimula colágeno y vasos sanguíneos nuevos. Por eso se ha estudiado justamente en quienes no pueden usar estrógeno o tienen un tejido dañado por la radiación. Los resultados son alentadores en algunos puntos y modestos en otros:
- Después de radioterapia pélvica. Un estudio de 2020 trató con tres sesiones de láser CO2 de baja energía a 43 pacientes con estrechez, acortamiento y atrofia severa tras un cáncer de cuello uterino o de endometrio. El largo vaginal aumentó 28% y el índice de salud vaginal mejoró 57%, sin efectos adversos. La función sexual que reportaron no mejoró de forma significativa, y el estudio no tuvo grupo de comparación.
- Después de cáncer de mama. Dos ensayos compararon el láser real con un láser simulado, sin que las participantes supieran cuál recibían. En el ensayo LIGHT (2023), con 84 personas en tratamiento con inhibidores de aromatasa, no hubo diferencias a los seis meses. En otro ensayo de 2025, con 34 personas, el láser redujo la sequedad del día a día, pero no mejoró el dolor ni la sequedad durante la relación más que el simulado.
- Seguridad. En esos estudios el láser fue bien tolerado, y lo más frecuente fue manchado o molestia pasajera. En 2018 la FDA de Estados Unidos advirtió sobre quemaduras, cicatrices y dolor asociados a equipos de energía usados para el llamado rejuvenecimiento vaginal. Es una buena razón para hacerlo solo con evaluación previa y una indicación clara.
Nuestra lectura: el láser CO2 no reemplaza a los dilatadores ni a los hidratantes, y no es lo primero que se indica. Es una alternativa para quien ya los usa y sigue con molestias, sabiendo que la respuesta varía de una persona a otra.
Cuándo corresponde el láser y cuándo no
Antes de cualquier sesión revisamos tu historia oncológica. Estas son las condiciones:
- Alta o autorización de tu médico tratante para la terapia con láser CO2. La pedimos en todos los casos de cáncer previo.
- Sin cáncer ginecológico activo.
- Con la radioterapia y la quimioterapia terminadas. La hormonoterapia oral puede seguir en curso si tu médico lo autoriza.
- PAP del último año normal y sin menstruación el día de la sesión.
- No corresponde en embarazo ni en lactancia.
Evaluación con matrona en Providencia
La evaluación inicial cuesta $10.000 y se abona al tratamiento si decides seguir. Revisamos tus antecedentes, examinamos la mucosa y armamos un plan que casi siempre parte por hidratación y dilatadores. El láser CO2 entra solo si corresponde y con la autorización de tu médico: el protocolo son 3 sesiones cada 4 a 6 semanas y cuesta $299.990, o $129.990 la sesión individual.
Atiende Pamela Lee Bilbao, matrona y directora técnica de MarianaCentro, con más de 15 años en ginecología funcional y reconstructiva.
Preguntas frecuentes
¿La radioterapia deja la vagina más suelta o más ancha?
No. Lo habitual es lo contrario: la radioterapia en la pelvis produce fibrosis, y la vagina tiende a estrecharse y a acortarse. La sensación de laxitud suele tener otras causas, como los partos, y se evalúa por separado.
¿Cuándo puedo volver a tener relaciones sexuales después de la radioterapia?
Lo indica tu equipo de radioterapia, según cómo se recupere la mucosa. Cuando se retoman, conviene hacerlo con lubricante a base de agua y sin apuro. Un poco de manchado después de la relación es frecuente en los primeros meses; el sangrado abundante o el dolor intenso se consultan.
¿Los dilatadores vaginales duelen?
Pueden molestar al principio, sobre todo si la mucosa está seca o el tejido ya empezó a estrecharse. Partir por el tamaño más pequeño, con abundante lubricante, y avanzar de a poco suele bastar. Si duele cada vez, conviene revisarlo con una kinesióloga o un kinesiólogo de piso pélvico.
Tomo letrozol o anastrozol, ¿puedo usar óvulos con estrógeno?
Con inhibidores de aromatasa se prefiere evitar el estrógeno vaginal, porque incluso una absorción pequeña puede interferir con el tratamiento. La primera opción son los hidratantes y lubricantes sin hormonas. Si no alcanzan, la alternativa se conversa con tu oncóloga u oncólogo.
¿El láser CO2 sirve después de la radioterapia?
Los estudios disponibles, todos pequeños, muestran mejoras en el largo vaginal y en el estado de la mucosa después de tres sesiones. Todavía no hay ensayos con grupo de comparación en esta situación. Es una opción cuando los dilatadores y los hidratantes no alcanzan, y siempre con la autorización de tu médico tratante.
¿Es seguro el láser vaginal si tuve cáncer de mama?
En los ensayos con sobrevivientes de cáncer de mama fue bien tolerado y no tuvo más efectos adversos que el láser simulado. Lo que no mostró fue una ventaja clara sobre el simulado en el dolor durante la relación. Por eso lo planteamos como una opción más, con expectativas realistas.
¿Necesito autorización de mi oncólogo para hacerme el láser?
Sí. Pedimos el alta o la autorización de tu médico tratante para la terapia con láser CO2 en todos los casos de cáncer previo. Si todavía no lo has conversado en tu control, en la evaluación te explicamos qué conviene preguntar.
¿Cuánto cuesta tratar la sequedad vaginal después del cáncer?
En MarianaCentro la evaluación inicial cuesta $10.000 y se abona al tratamiento. Si corresponde el láser CO2, el protocolo de 3 sesiones cuesta $299.990 y la sesión individual, $129.990.
¿La sequedad vaginal después del cáncer se pasa sola?
Depende de la causa. Después de la radioterapia, los cambios del tejido pueden aparecer o avanzar meses o años después, y por eso los dilatadores se mantienen en el tiempo. Con hormonoterapia, la sequedad suele durar mientras dura el tratamiento. Si la quimioterapia adelantó la menopausia y los ovarios no se recuperan, tampoco mejora sola.
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